¿Qué es el partidismo?

El doble rasero o corrupción moral

Gráfico del doble rasero como consecuencia de la manipulación política
Gráfico del doble rasero como consecuencia de la manipulación política

Sectarismo: 1. m. Fanatismo e intransigencia en la defensa de una idea o una ideología (RAE)

 

Fanatismo: apasionamiento y tenacidad desmedida en la defensa de creencias u opiniones, especialmente religiosas o políticas


Más allá de la definición de la RAE, este gráfico profundiza en un fenómeno que deriva del partidismo llevado al extremo: el sectarismo y el doble rasero. El apasionamiento, el apego emocional y las falsas creencias acaban en una ceguera a la hora de juzgar y en el establecimiento de dobles raseros al hacer juicios de valor sobre personas y acciones.

Si lo hacen los míos, los que me caen simpáticos o son de mi grupo, todo está bien.
Si lo hacen los otros, los que no me caen bien o son de otro grupo o ideología, está mal.

Esta corrupción moral es muy dañina porque, en definitiva, permite o se hace cómplice de las injusticias de su grupo.

Funciona como la famosa frase: el fin justifica los medios. Cualquier cosa vale con tal de que mi ideología/partido/grupo tome el poder. Esta idea provoca que cualquier grupo se vaya saltando los principios en aras de una estrategia política, para la que se dicen justificaciones del tipo "si no lo hacemos nosotros, lo harán ellos".

Pero es corrupción y como tal debe ser denunciada.

Cómo se crea el apego emocional

El apego emocional es creado por los medios y por la educación recibida en la familia o grupo de referencia.

En el ámbito familiar la mayoria nos sentimos identificados con las ideas de nuestros padres. Ellos, con sus palabras y actitudes, nos predisponen a una serie de creencias y opiniones.

En la vida adolescente y adulta los medios de comunicación y los espectáculos se encargan de dopar a sus lectores/espectadores con ideas emocionales muy potentes (rechazo, asco, intolerancia, miedo y rabia): por ejemplo, insistiendo en un relato sobre determinado partido o líder lleno de juicios de valor y presentando hechos y conclusiones que lleven a esos juicios.

A veces estas píldoras son muy sutiles, subliminales, y no pasan el filtro consciente, pero se quedan grabadas en el subconsciente. 

Pocas personas admiten tener doble rasero, principalmente porque ni siquiera son conscientes de ello. Desde su punto de vista, sus juicios y preferencias sobre lo que hacen partidos o líderes políticos están plenamente justificados. En su versión de la realidad (la que leen en el medio de comunicación que les dice lo que quieren oír o, en todo caso, una versión sesgada) lo que piensan es lo lógico y natural.

La mayoría de estas personas no son conscientes de su sesgo. Ni se plantean estar engañados o no le dan mayor importancia. ¿Para qué esforzarse si ellos son felices así? De esta manera prefieren seguir con su versión de la realidad y actúan, sin saberlo, como instrumentos útiles de los manipuladores.

Contradecir las creencias que dictan nuestros apegos emocionales es costoso.

Una estrategia de largo plazo

Los medios de comunicación sectarios se encargan de crear un discurso de hechos (a veces tergiversados, otras veces ocultados) para culpabilizar o demonizar a personas, partidos o ideologías concretas.

Así, el público se hace una idea y un juicio de valor sobre ellos, que luego coincide con los juicios de valor que emite su medio de comunicación preferido. El medio crea una sintonía ideológica con su lector y el lector se confirma en su sesgo.

Esta estrategia se mantiene a lo largo de meses y años de pequeñas píldoras informativas. Lentamente se va formando una "identidad" en el lector/espectador/oyente. La persona va perdiendo la consciencia de esos cambios en sus creencias y finalmente se convierten en algo natural y propio.

Lejos de teorías conspirativas o de hombres malvados, todo esto sucede por dinero. Los gobiernos, hasta ahora, han regado de millones y prebendas a los medios de comunicación para forzar una línea ideológica en las informaciones. Así los medios sobreviven a las crisis, y los gobiernos siguen teniendo suficiente apoyo.

Entonces, ¿a qué informaciones debemos hacer caso?

No todas las críticas ni las informaciones están sesgadas ni ocultan una estrategia manipuladora. Nuestro papel como lectores, espectadores u oyentes está en aprender a reconocer una información falsa y una auténtica. Ambas pueden incluir descalificaciones o críticas mordaces, pero la auténtica se basa en hechos, y la otra en calificativos gratuitos o falacias o en un relato distorsionado de supuestos hechos.

Actualmente, la principal estrategia de manipulación consiste tomar un hecho cierto e innegable, y a partir de él, sacar conclusiones erróneas, magnificarlo, generalizar, exagerar o retorcer la información.

Una manera de desenmascarar estas estrategias es hacer un seguimiento del medio y de las noticias, comparándolo con algún otro medio. ¿Siempre se mete con los mismos? ¿Lo hace con calificativos gruesos y con intención de difamar? ¿Respalda sus informaciones con pruebas? ¿Ha mentido en otras ocasiones? ¿Qué dicen otros medios de ese medio? ¿Qué se dice en otros medios de esa noticia?

En efecto, esto exige un poco de tiempo y de esfuerzo, pero la libertad no es gratuita.

Ciudadano Crítico