Es una ONG, una asociación financiada por los actores globalistas más usuales (la IPPF –patronal abortista de todos los negocios de aborto en el mundo–, Open Society –Soros–, Bill y Melinda Gates, la OMS, la Comisión Europea –que nadie vota–, la Cruz Roja, Médicos Sin Fronteras y otras instancias del estilo) que actúa de lobby para presionar en Europa a favor del aborto: más vía libre para que las mujeres acaben con la vida de sus hijos no nacidos, hasta incluso hablar de «derecho fundamental».
Es importante señalar que entre sus financiadores (del aborto) están empresas muy conocidas como Nike (fundación Nike), o las farmacéuticas Ferring y MSD (Merck). Están también los gobiernos alemán y sueco, con la Agencia Alemana de Cooperación Internacional para el Desarrollo, y el Ministerio de Asuntos Exteriores sueco.
También está la Comisión Europea, el órgano de gobierno supranacional europeo, no votado por nadie y devenido en una especie de Gobierno del Pensamiento, anticristiano, y que en grave conculcación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, de la Declaración de los Derechos del Niño, de la jurisprudencia del propio Tribunal Europeo de los Derechos Humanos, declara que al aborto (que durante toda la historia ha sido un crimen) ahora es un derecho de la mujer. En lugar de dedicarse al mercado común, a facilitar el intercambio y el conocimiento mutuo de los europeos, se dedica a pontificar sobre lo bueno y lo malo, invadiendo el libre pensamiento de países y personas. No sólo pontifica, sino que legisla (obliga de forma autoritaria) tomando parte por el llamado «progresismo». Los ciudadanos europeos conservadores ya no están representados por este órgano supranacional. Es la liquidación de la democracia.
Hasta en 3 ocasiones el Parlamento Europeo ha votado sí al apoyo a tan repugnante declaración, que significa la muerte de cientos de miles de niños en Europa, razón por la que en estos momentos el continente está muy por debajo de su tasa de reposición, y tiene la necesidad de importar mano de obra (barata) de países subdesarrollados a través de la inmigración. Afortunadamente, estas declaraciones políticas no son vinculantes, pero siguen haciendo fuerza para que la deshumanización y la encumbración del «progresismo» (versión moderna del marxismo mezclada con ideas liberales) sean una realidad y se conviertan en la nueva religión, en la línea del Nuevo Orden Mundial. Sus objetivos: disminuir la población mundial y adoptar el medioambientalismo como bien superior (junto con las falsas teorías de que el cambio climático se puede parar con medidas políticas, de espaldas a países como EEUU, China o India).
El núcleo de las acciones de estas y otras instancias globalistas es la guerra declarada contra el cristianismo, pero más concretamente contra el catolicismo. El catolicismo es la última resistencia a sus planes de ingeniería social: una sociedad diezmada, pobre, idiotizada y manejable que pueda servir a los fines y al sustento de las élites y sus vidas de lujo.
Esta guerra, profusamente documentada en obras como «el libro negro de la nueva izquierda», se realiza en forma de cambio cultural, en lugar de ejercer la violencia directa y descarada. Se trata de seducir y manipular a la población para que sigan unas directrices que sirven a estos intereses particulares. En esa misión, poco importan las víctimas, la vida o la felicidad de las personas, pero se vende, precisamente, en esas premisas de «buscar una sociedad más feliz y digna». Es por tanto, la obra maestra de la Mentira, su manifestación más avanzada.
El aborto es, desde hace décadas, el núcleo central de esta ideología antihumana: es la destrucción del ser humano en todos sus aspectos: del bebé, desmembrado y aplastado en el vientre de su madre, y de su madre y de la familia entera, en su salud mental y espiritual, en esa máxima crueldad de matar por conveniencia o por presión social, pero de forma legal y blanqueada socialmente.